Un mundo de posibilidades

Con la llegada de la primera generación del MINI moderno en 2001 no sólo se reinventaba un mito, sino que se introdujo un universo de personalización desconocido hasta la fecha.

 

Ahora es posible tener el techo de nuestro coche con nubes y estrellas, una pizarra en el salpicadero o una cafetera integrada. ¿Te lo imaginabas hace unos años? Quizá cuando Lancia lanzó el programa Kaleidos con más de 100 colores disponibles para el coqueto Ypsilon o años después con las carrocerías bitono.

Pero fue con el MINI cuando los espejos, el techo o las llantas podían ser combinables. Y eso obviando las pegatinas en forma de rallas que se extendían desde el capó hasta el portón trasero.El Fiat 500 fue otro ejemplo de recuperar un modelo retro a la era moderna. También jugaba con la personalización gracias a la amplia paleta de colores para la carrocería o diferentes tapicerías, pero también se nos permitía tener el llavero a juego incluso decorado con cristales de Swarovski o distintas pegatinas imitando banderas o motivos diversos. A pesar de todo, ¿cuántos Fiat 500 has visto de esa guisa? El que escribe se topa con discretos tonos blancos más que con cualquier otro. ¿Cuestiones de stock?

Eso es lo que podría pasarle al Opel Adam, el paradigma de las configuraciones ilimitadas. La marca habla de miles de posibilidades, y tras echar un vistazo al configurador nos lo creemos. Con tiempo y paciencia podemos customizar nuestro pequeño Opel en detalles hasta entonces impensables. El citado techo con formas de nubles y LEDs que imitan estrellas son un claro ejemplo. Pero es que también se pueden elegir el color del retrovisor interior, del aro del volante, de la parrilla e incluso detalles en color para las llantas de aleación.

Vamos, que podemos ser todo lo caprichosos que queramos si nuestro bolsillo nos lo permite.Claro que para esto ya están las marcas premium, léase Audi, BMW o Mercedes-Benz. Y no porque ofrezcan este tipo de detalles, sino porque sus listas de opciones son tan largas que podemos doblar, e incluso triplicar el precio de un modelo base. De esta manera, un modesto BMW 114i podría pasar casi por todo un M235i tres veces más potente si nos lo propusiéramos.

Por el Paquete M se nos cobran unos 3.500 euros, y de ahí acercarnos fácilmente hasta los 50.000 euros siendo un coche con un centenar de caballos. Casi lo mismo que un pequeño Audi A1 1.2 TFSI de 86 CV que podría superar con holgura los 40.000. Está claro que son ejemplos un tanto extremos, pero sí que sabemos que estas tres marcas no suelen ser demasiado generosas con la dotación de serie. ¿Alguno recuerda que hace años Mercedes cobraba por la quinta velocidad o el espejo derecho?

 

Y un simple aire acondicionado, dependiendo del modelo, podía llegar a costar más de 600.000 de las antiguas pesetas. Opciones muy, muy costosas también las encontramos ahora. Audi ofrece un equipo de sonido de Bang&Olufsen que supera los 7.000 euros en el A6, pinturas por más de 4.000 o una tapicería de cuero en el A8 que cuesta ¡17.140 euros!

Tambien hay modelos que sus gomas online en Madrid te salen por 400€€€€.

Puede que no lo entendamos, pero quizá a estos niveles todo cobre mayor sentido ya que a los compradores de estos vehículos de lujo se les presupone una cuenta bien saneada. Sin embargo, ¿quién se plantea un Citroën C1 de los nuevos sin escatimar en adornos?